Yo me doy permiso para equivocarme… ¿Y tú?

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Yo me doy permiso para equivocarme… ¿Y tú?

¿Eres perfeccionista? El perfeccionismo es como andar con una pesada mochila que te hace avanzar a paso de tortuga… Si lo eres, ¡sabes de qué estoy hablando!

El perfeccionismo puede ser muy paralizante, te lleva a posponer tus proyectos porque nunca está “lo suficientemente bien”. Todo lo contrario a la acción, que es lo que necesitas para lograr resultados.

Yo no sé de dónde viene, si es un tema de mi infancia, de otra vida o de yo qué sé qué…  Pero si sé, ¡la guerra que me da mi perfeccionismo!… Cada vez menos porque a base de tomar conciencia y de buscar herramientas lo voy trabajando, pero está allí…  Si me distraigo, ¡se cuela!

Quiero compartir contigo mi experiencia con el darme permiso para equivocarme, para cometer errores y no ser “perfecta”… ha sido muy liberador  y tal vez a ti también pueda ayudarte…

La semana pasada tenía previsto un webminar, vaya, una charla online. La primera vez que organicé uno tuve problemas técnicos y esta vez me preocupaba que pudiera pasar de nuevo…Pero aparte de eso, la primera vez me preocupaba mucho hacerlo bien. Demasiado. Me sentía muy presionada por tener que hacer un webminar “perfecto”. Vaya, quería  sacarme el carnet de conducir y ya ser una conductora de fórmula uno… ¡sin pasar por ser aprendiz!  (¿Difícil saltarse las etapas del aprendizaje, verdad?)

Sin embargo, esta vez la sensación era totalmente distinta… Ilusión y ganas de compartir. ¿Qué había cambiado?

 

Me doy permiso

Esto fue lo principal. Básicamente que me había dado permiso para meter la pata.  ¡Algo tan sencillo y tan liberador! Cambié mi mentalidad.

¿Y si me olvidaba de todo lo que quería decir? ¿Y si me equivocaba de orden? ¿Y si me ponía nerviosa y me liaba con los conceptos? ¿Y si no estaba a la altura?

… ¿Y si …?, ¿Y si…?  Miedos y más miedos…  ¿Y cuál es la mejor manera de vencer los miedos? ¡Actuando!  Cada vez que te enfrentas a un miedo es una pequeña conquista porque te das cuenta que la mayoría de las veces, sólo está en tu cabeza.

¿Y qué pasa si me equivoco? Pues me disculpo y ya está. No se cae el mundo.

Cuando te das este permiso se abren infinitud de posibilidades. De repente, tienes delante de ti un amplio abanico de opciones que puedes llevar a cabo para conseguir tus objetivos…

Si te das permiso… ¡Piénsalo! ¿Qué sucedería con tu vida si te dieses más permiso para experimentar sin que te importase tanto el resultado o la perfección?

Ver que otros profesionales que para mí son referentes se permiten equivocarse y se ríen de ello, ha sido muy empoderador. Por eso han llegado dónde están. A base de practicar. A base de lanzarse a la acción masiva imperfecta.

El día que haya hecho 30 webminars los haré bordados. Mientras tanto, ¡a practicar!

(Está claro que hay que apuntar a la excelencia, a mejorar día a día, a hacer un trabajo cuanto más profesional mejor pero sin perderse en un perfeccionismo paralizante).

Además tener en mente lo siguiente, también me ha ayudado.

 

Acepta tu humanidad

Pues lo admito: soy humana y me voy a equivocar, sobre todo si estoy practicando una habilidad nueva.  Y me equivocaré hasta que día que me muera, es parte de estar viva. Y si no, ¡es que estoy parada!

Si te quedas sentada en tu sofá, allí no hay peligro de errar. Salir al mundo y lanzarte a la acción conlleva sus aciertos y mejoras. El hecho de actuar ya te hace entrar dentro de los valientes que se atreven a hacerlo.

 

Quién eres tú

Recordar que eres mucho más que lo que haces o tienes. Sólo por estar viva eres un ser humano valioso con toda una serie de atributos que te hacen única. Tú no eres tus resultados, sino algo más grande.

 

¡Quítate de tu camino!

Parece contradictorio con lo anterior pero es compatible: No seas tú mayor obstáculo.  Como se dice en inglés, “get out of your way” («Quítate de en medio»). Cuando te das demasiada importancia e identificas tu valor con tus resultados, puedes convertirte en tu mayor obstáculo.

Cuando te sientas paralizarte,  hazte a un lado y céntrate en los demás, en ese grano de arena que quieres  aportar al mundo y sin el cual algo se perdería.

 

 

¿Qué te llevas de esta reflexión?¿En qué área de tu vida te beneficiarías de darte permiso para errar? ¿Cómo sería tu vida si te permitieras más? Te agradezco que lo compartas a continuación y así aprendemos todos.

 

 

PS:

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2016-10-19T10:47:51+00:0016 agosto, 2016|Categorías: General|2 Comentarios

About the autor:

Me llamo Cristina Ramón y soy coach profesional. Ayudo a las mentes libres y a las emprendedoras a vencer sus miedos, a creer en sí mismas y a emprender su camino. Porque el mundo necesita tu pasión y todo lo que deseas está al otro lado del miedo. Estoy convencida de que si cada persona siguiera su corazón, su mundo y la sociedad se transformarían. Por eso lo he llamado: "la revolución del corazón".

2 Comments

  1. Magui 16/08/2016 en 17:05 - Responder

    Muy valioso blog Cristina!! Es un tema mucho más común de lo que la mayoría de gente piensa. No hay que parecer «doña perfecta» para sufrir el agotamiento y la parálisis que provoca el perfeccionismo… Llamémoslo como lo llamemos. Hoy en día sentimos todos más presión de «ser perfectos» por vivir más conectados que nunca a redes sociales (físicas y virtuales) en las que todos podemos presentar nuestros éxitos y «fardar» de vidas interesantísimas aún cuando escondemos nuestras historias menos relucientes.

    Creo que es importante subrayar que crecer como persona significa, si o si, equivocarse. Pues nuestros cerebros están diseñados para aprender más de lo que hacemos mal que de lo que hacemos bien. Así que démosle la vuelta positiva a no ser perfectos: así podemos crecer y contribuir… Continuamente!!

    Gracias por compartir.

    • Cristina Ramón 18/08/2016 en 11:36 - Responder

      Gracias Magüi por comentar y aportar tu punto de vista! Sí como tú dices es un tema muy común, y agotador… Sobre todo ahora donde todo brilla en las redes.
      Llevamos muy mal el tema del «fracaso», cuando en realidad es un aprendizaje… parte del camino de crecimiento para lograr lo que quieres. Hay un ejemplo que me gusta mucho y es el niño que aprender a andar, a base de caerse… ¡Nadie lo ve como un fracaso!
      Un abrazo!
      Cristina

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