¿Alguna vez se te ha pasado por la cabeza escribir un libro?

A mí sí, aunque como había colaborado en la edición y publicación de libros de otras personas, sabía todo el trabajo y la dedicación que implicaba. Además creía que para hacerlo, había que “tenerlo todo solucionado”. Por ello, durante mucho tiempo me mantuve al margen .

Ahora que ya he terminado mi libro, “La llamada del corazón”, puedo contarte cómo ha sido el proceso de llegar hasta el final. 

Mi vida ha estado marcada por la decisión temprana de seguir el camino del corazón, costara lo que costara, me llevara adonde me llevara. Así fue como con 22 años me marché a la India a hacer mi primer voluntariado internacional buscando ser parte del cambio del mundo. Estos 20 años siguiendo el corazón me han dado muchas experiencias y herramientas que ahora puedo compartir en el libro.

La primera idea de escribir un libro surgió de forma anecdótica durante los primeros años de estar en la India como voluntaria.  Allí tuve la primera señal. Sí, ha pasado mucho tiempo, más de 15 años. Entonces, una buena amiga, Sofía (que precisamente ha hecho las ilustraciones que aparecen en mi libro), me regaló una ilustración providencial. En ésta, muy linda, aparecía yo andando con un cesto y también con un libro llamado “La vida me cuida” (una de mis creencias/ lemas favoritos).

En ese momento me pareció gracioso y pensé, “mira qué ocurrencias tiene Sofía”. Y allí se quedó. Yo seguí mi camino como voluntaria, y más tarde como cooperante. Y después como coach.

Pasaron los años hasta que hace dos años, una tarde paseando con alguien muy cercano por mi ciudad natal me sentí cuestionada por haber hecho siempre “lo que me daba la real gana”. No me podía creer que aún tras 20 años seguía dando explicaciones. Sentí otra vez el peso de la incomprensión de las personas cercanas y también de la sociedad. Puede que desde fuera pareciera que yo había hecho “lo que me había dado la gana”; sin embargo, no era así… En realidad, había hecho lo que “el corazón me pedía”. Porque no había otra opción ante un grito tan profundo y poderoso.

Alguna vez intenté hacer lo que “tocaba”, o lo que se “esperaba de mí” y casi me hundo en mi propia desesperación. Mi corazón es mi mejor brújula y aliado y cuando intento hacer oídos sordos a esa voz, te digo que las consecuencias son desastrosas. Mi vida se vuelve triste, pesada y vacía. Durante algún tiempo puedo tirar de mi fuerza de voluntad porque soy muy cumplidora, aunque acaba suponiendo un desgaste muy grande. Sé que si no hay otro remedio que hacer “lo que toca”, lo hago, cumplo con mis responsabilidades. Aunque en cuanto puedo elegir, sé que tengo que alienarme con la voz de mi corazón.

En esa conversación sentí una punzada en el corazón, pensando en aquellas personas que quieren seguir su corazón y se sienten cuestionadas, incomprendidas y tal vez solas… Y vi claro que había llegado el momento de escribir mi libro…¡No sabía la aventura que me esperaba!

No quiero asustar a nadie aunque sí ser realista. Escribir un libro es una tarea titánica, no lo parece, sin embargo, ¡lo es! Cuando los ves en las estanterías de una librería no lo piensas.  Sobre todo el primero conlleva mucha dedicación porque te cuestionas cada paso, y supone tomar muchas decisiones nuevas.

Además, cuando es tu propio libro es distinto de hacerlo para otros porque tú tienes la responsabilidad de que salga bien,  eres tú quien lo “firma”. ¡Aún más peso!

Habiendo tomado la decisión de escribir mi libro, a principios del año pasado me apunté a un curso para “escribir tu primer libro y sanar”. Ésa era la promesa, me pareció curioso, pensé que era algo que  le pasaba “a otros”, que a mí escribir no me iba a sanar nada… ¡Bendita ignorancia! ¡Gracias a ella nos aventuramos en proyectos ambiciosos sin pensarlo mucho!

En aquel momento yo andaba ocupada con una mudanza internacional. Estaba dejando mi casa en un pueblito de Mallorca para ir a vivir a  Myanmar con mi pareja que tenía un nuevo destino como cooperante. Con toda logística y despedidas, tardé un poco en ponerme con la escritura.

El 1 de marzo de 2019 me mudé a la ciudad de Yangon y allí fue cuando tuve el tiempo y el espacio para escribir.  Viniendo de un pequeño pueblo de 1500 habitantes de Mallorca,  aterrizar en una gran ciudad de más 7 millones de habitantes fue un poco chocante.

 

 

Era pleno verano y hacía un sol de justicia. Mi mecanismo normal de ajuste es salir en bicicleta, pero aquí al principio no me atrevía. Había mucho tráfico y sobre todo lo que me sorprendió es que apenas había bicicletas ni motocicletas. Al contrario de lo que había visto en otras ciudades asiáticas en esta ciudad los vehículos de dos ruedas eran poco comunes.

A los pocos días de aterrizar mi pareja volvió a Europa para un viaje de trabajo y me quedé yo para buscar piso, y ubicarme. No conocía a nadie, y no “podía” ir en bici,  así que aproveché el tiempo libre que tenía para empezar a escribir el libro. Era lo mejor que podía hacer dadas las circunstancias.

En dos meses tenía el primer borrador listo. Con un vértigo tremendo, se lo envié a mi amiga periodista, Dolors (la persona que  hizo la corrección de estilo). Su valoración fue positiva, y eso me dio un empujón para seguir avanzando. Cuando tu libro sale de tu ordenador por primera vez es un momento muy vulnerable porque dudas de tu obra y temes el juicio ajeno.

Al escribir (o en general, cuando haces un proyecto nuevo), hay dos partes de ti que se enfrentan: la que dice, “sí, sigue, muy bien, adelante”. Tu corazón salta de alegría y te anima. Y luego está la otra, tu mente, tu ego, que te va dando la lata… “¿Quién te has creído tu para hacer esto”? ¿Te pasa a ti también?

En realidad no sabía si el libro era “bueno o malo”, sin embargo, yo sentía que había querido salir y tenía que darle una oportunidad. Si ayudaba a una persona, ya habría merecido la pena escribirlo. En parte, creo que somos canales de la vida que nos usa para materializar nuevas ideas y con ello nosotros también crecer.

También decir que a menudo como estamos muy familiarizados con lo que sabemos, ya se convierte en algo ordinario, nos cuesta más ponerlo en valor y darle su lugar. ¿Te sucedido alguna vez hacer algo que para ti es normal y que otros lo encuentren extraordinario?

Pasaron los meses y seguí editando hasta que salió un borrador más maduro que después corregimos minuciosamente con Dolors. De hecho, ella hizo una revisión de estilo profunda que le dio más calidad y fluidez al libro… Como amante de las letras, a menudo me decía,  “Cristina tenemos que subir el nivel”. Y sí, creo que lo conseguimos. ¡Gracias una vez más Dolors por este gran trabajo!

Sin embargo, aún no estaba listo el libro… ¡Le faltaba algo!

En noviembre, con el recuerdo de esa primera pista que me había regalado mi amiga Sofía, me planteé que el libro tuviera unas ilustraciones. Podrían darle un toque de humor y ligereza al libro. Y escribí a mi amiga para ver si era viable que ella hiciera las ilustraciones del libro pese a que sabía que estaba muy ocupada… Y Providencialmente (aquí repito mi frase favorita, “la vida me cuida”), con unos ajustes, al final fue posible.

Inicialmente soñaba publicar con una editorial, con lo que escribí a varias presentándoles mi libro. Allí vinieron las primeras decepciones. No les interesaba publicar mi libro… Una experiencia de rechazo plena… De hecho, había que acostumbrarse a los “rechazos”, y  a las críticas.  Cuando haces un proyecto, es lo natural, habrá gente que le guste y a otros no. No pasa nada. Nada es para todo el mundo; sin embargo al principio duele, uno se lo toma  un poco personal. Hasta que aprendes a aceptar los cumplidos así como las críticas (estoy en ello).

Mientras esperaba la respuesta de las editoriales me apunté a otro curso porque quería seguir escribiendo y en grupo se hace más ameno. Y escribí el borrador de otro libro, el que  será mi segunda creación. Y con todo esto una gran toma de conciencia: me di cuenta que, ¡amo escribir! El camino del corazón está lleno de sorpresas 😉

¿Qué hacer ante las “calabazas” de las editoriales? Llegó el momento de aplicarme el cuento, lo que aconsejo a otros, y es buscar un plan B. Explorar opciones alternativas. Y gracias a lo que yo llamo “San Amazon”,  hoy en día todo el mundo puede publicar su libro. Amazon tendrá sus debilidades, sin embargo, ha democratizado la publicación de libros.

Volví a Ibiza (España) a casa de mis padres para el confinamiento y eso me dio tiempo de introspección. Después de dejar reposar el libro un par de meses, entonces tenía la perspectiva necesaria para hacer una lectura final y cerrar el manuscrito para impresión. Y «ponerle nombre», casi nada. Vértigo total. Leí y releí pasando cada capítulo por el tamiz del corazón, haciendo pequeñas correcciones hasta encontrar paz con cada renglón. Me ayudó mucho a terminar el pensar en los futuros lectores y lo que les quería aportar, más allá de que fuera “perfecto”.

(Te diré que podría haber estado un año más poniendo puntos y comas, puedo ser muy perfeccionista. Pero me dije, “¡Basta!”… ¿Qué era lo realmente importante? ¿Un libro perfecto? ¿O terminarlo y que llegara a quien estaba destinado a leerlo?)

Además, no podemos (ni queremos) gustarle a todo el mundo.

Después de explorar muchas opciones de títulos (¡gran dilema!), resonó uno en mí con gran fuerza: «La llamada del corazón». 

 Por otro lado, decir que fue vital aprovechar los “permisos” para salir cada día a pasear en bicicleta y acercarme al mar,  entregándole a la madre tierra mis inquietudes y mis anhelos más profundos.

Estar con mis padres en esta etapa final me permitió compartir el libro con ellos y atar algunos cabos perdidos estos años, cultivando una comprensión aún más profunda desde el corazón; fue muy emotivo y siento una inmensa gratitud porque el libro lo hiciera posible.

Paralelamente realicé hice diversos ejercicios y rituales como parte del proceso de sanación que suponía sacar el libro a la luz. Aunque no sea una biografía, en un libro abres tu mundo interior a otra persona, estás dejando al otro entrar en la vulnerabilidad de tu ser. Todo ello me ayudó a abrazar mis miedos y mis sombras, sintiendo también el peso de mi árbol familiar; para lograr sentirme más libre y fuerte para compartir mi mensaje con el mundo. Me asombra siempre el orden divino de los procesos vitales, la vida no hay puntada sin hilo. ¡Todo es perfecto!

Cerrado el manuscrito llegó el momento de maquetar y hacer que el libro tuviera un interior agradable. Y por supuesto, una portada atractiva que reflejara la esencia del libro. Al final, tras varias pruebas, correcciones y algunos emails de ida y vuelta, ¡lo conseguimos!

Contar con las palabras de apoyo de mi gente y la ayuda de mis mentores ha sido vital para llegar al final del proceso… ¡Muchas gracias a todos y todas por ser parte de esta aventura!

Mientras terminaba la maquinación del libro fui armando el lanzamiento para acompañar el libro. Pronto lo compartiré.

Finalmente llegó el día de hacer el “click” final  y subirlo a Amazon. Y a continuación, con todo el vértigo y la ilusión del mundo, anunciar que, ¡había publicado el libro!

Me dio mucha alegría tener en mis manos la primera copia del libro, una satisfacción muy profunda, una  sensación de “misión cumplida”.

Y ahora con mucho amor,  que llegue a quienes tiene que llegar y cumpla su propósito. Feliz viaje querido libro. Gracias, gracias, gracias.

….¡Seguimos  cumpliendo metas y compartiendo el camino del corazón!

un abrazo infinito,

Cristina

Ps: ¿Te animas a escribir tu propio libro? ¡Te espero en los comentarios! 😉

 

Si quieres conocer más sobre el libro, «La llamada del corazón» pincha aquí